Grand Central Terminal

Elegancia y Ritmo, dos palabras que definen el carácter de la Grand Central Terminal. Por sus andenes, rampas, salas, vestíbulos y rincones secretos se pasea el pasado y el presente de Manhattan. La Grand Central Terminal (denominada Grand Central Station por algunos newyorkers) es un testigo vivo de la sutileza, elegancia y grandiosidad de la arquitectura neoyorquina de principios del siglo XX.
Contemplar por primera vez su fachada provoca una sensación que no se olvida fácilmente. De un enjambre de rascacielos espejados surge bella y grácil, orgánica en las aberturas de sus tres arcos y gloriosa en el gesto de Mercurio, protagonista del grupo escultórico del frontis. Detrás se encuentra la estación de trenes más grande del mundo, pero la genialidad de su concepción arquitectónica la hace parecer amable y a escala humana. La Grand Central Terminal posee muy pocos carteles y, sin embargo, es difícil perderse. Fue concebida para que la arquitectura misma, con su lenguaje de rampas, escaleras y accesos, nos indique el camino.
La primitiva estación fue construida por el magnate Cornelius Vanderbilt en 1871. La estructura actual de estilo Beaux-Arts data de 1913. Con la llegada de la revolución del automóvil se intentó demolerla, pero la Landmarks Preservation Comission supo proteger su belleza y autenticidad. Imposible no emocionarse bajo el cielo de estrellas del gran vestíbulo que corona esta perla de Manhattan.
- Ocupa un área de casi 200.000 m2 y recibe unos 500.000 visitantes por día.
- El 98% de los trenes llega a tiempo.
- Alberga cinco restaurantes, numerosas cafeterías y cincuenta tiendas.
- Fue restaurada en 1994 para devolverle su esplendor de principios de siglo.
| Por qué visitarla | Lo imperdible | Curiosidades |